Hoy se me ocurrió que podría interesarte cómo estoy. ¿Qué te puedo decir? En estos días, en los que el clima se parece tanto a mí, añoro muchas cosas: sentirme seguro, despreocupado, tibio. Intento moverme pero sólo me quedo aquí. Y las cosas no se parecen a las cosas. Y mi nombre no se parece a mí. Entonces suspiro, respiro y cierro los ojos para que nada pueda salir, los aprieto tanto que la luz no se puede ver. Ni siquiera yo me puedo ver.
Las pesadillas vuelven a mis sueños. Y mis sueños no sé dónde los dejé. Sobre mi esperanza recuesto todo este cansancio que traigo en el cuerpo. Esta esperanza me dice que habrá de amanecer algún día. Amanecerá como si jamás hubiese oscurecido. Y sé que aunque sane, seguirá doliendo, pero eso no me detiene; sonreiré porque me lo merezco. Porque quiero vivir, vivir, vivir y nunca más morir.
Iván Planeta ®
Me dueles.
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza, córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.
Entre los escombros de mi alma búscame, escúchame.
En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.
Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.
¡Qué claridad tu rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!
Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.
(Jaime Sabines)
Temblando, con los ojos cerrados, el cielo está nublado y a lo lejos tú, hablando de lo que te ha pasado, intentando ordenar palabras, para no hacerme tanto daño, y yo sigo temblando.
